sábado, 12 de abril de 2014

Pekin enlatada


Autoretrato

Agotadas por el trabajo intenso y tedioso de este verano, se nos presentó la oportunidad de comprar un billetito barato a Pekín y “click”, ¡hecho! Aquí estamos durante 21 intensos días: 45 cámaras estenopeicas, papel fotosensible, líquidos de revelado, cubetas y luz roja… 23 kilos de material fotográfico en nuestro equipaje. Quizás 21  días os parezcan muchos en un solo lugar, pero nuestra forma de viajar es pausada y queríamos vivir la ciudad.

La semana antes de nuestra llegada, los niveles de polución, que a partir de 50 PM 2,5 empiezan a ser perjudiciales, estaban sobre 500 y nos vaticinaron que no veríamos el sol ni un día y que preparáramos mascarillas de válvulas para ir por la calle. Hay momentos que  parece la caldera de una fábrica, pero nos llevamos el sol atadito a la cola del avión y estamos disfrutando contemplando el hermoso cambio de estación y la entrada a la primavera.
Entre el amor y el odio, todo tipo de sensaciones nos invaden sin parar. Los opuestos armonizan de forma natural y llegas a integrarlos en tu día a día.
Picante y dulce, rascacielos y hutones (viejos vecindarios de casas humildes y diminutos negocios), gente maravillosa, amable y sonriente que tan pronto sientes cercana como marciana, quietud absoluta mezclada con un ajetreo continuo, comunismo y capitalismo, furioso afán constructivo que cambia el paisaje de la urbe por días... esto es lo que hay. Estamos aspirando arte por los 5 sentidos en selectas galerías, pero también a pie de calle. 24 horas sin pegar ojo en todo el viaje y agotadas sí,  pero la llegada  fue excitante.
El plano de Pekin se estructura en 5 anillos que te llevan en un viaje a través del tiempo, desde los edificios más futuristas con  grandes avenidas y autopistas hasta que las casas y calles van empequeñeciendo y llegas a la zona de los hutones medievales donde se encuentra nuestro modesto hotel. El resultado está siendo desbordante en muchos sentidos: es una ciudad inspiradora y bulliciosa, con olores, sabores y vivencias intensas.
Como en el cuento, dejamos pequeñas miguitas de pan para garantizarnos la vuelta a Pekín el año que viene. Nuestro día a día es retener y enlatar  todo lo posible a modo de cuaderno de viaje y aceptar el cambio que esta experiencia nos tiene reservado en nuestras almas.


Templo del cielo


Artículo aparecido en elhype.com